jueves, 5 de abril de 2012

Dear: Becky.

Escrito junto a Mathias Rivero. Te quiero amigo ♥

 

Muñequita de Oro.

Mi cuerpo se helo cuándo escuche la noticia del medico, sabia que esto estaba mal visto y hasta mucha gente consideraba abortar cuando estaban en una situación como esta, de la boca del hombre que había estado pendiente de mi durante los 9 meses escuche primero lo que mas quería escuchar, que mi hermosa hija estaba sana pero que tenia Sindrome de Down.
La sensación que sentí cuando mis oídos contemplaron esas terribles palabras fue indescriptible. Mi cuerpo, mi propio vientre empezó a reconocer un dolor futuro. Sabía desde lo más profundo de mi alma que mi niña tendría una vida dura. Me sentí debilitada, incapaz de protegerla. Por unas semanas pensé que esto podría haber sido culpa mía. Que talvez hice algo que lo provoco. Pero no…finalmente comprendí que el destino es el que pone las reglas. No serán las mejores, ni las que yo quisiera para mi vida y para la de mi hija. ¿Pero que es la vida sin apreciar lo que de verdad importa, dejando de lado todo prejuicio? Buscando la felicidad donde predomina el dolor. Sabía que cuándo el fruto de mi vientre saliera a este mundo cruel lleno de oscuridad y maldad comenzaría su tormento, me encantaría que todo lo que sabía que ella viviría recayera en mi pero no podía cambiar el destino.Tenia que ser fuerte por las dos.
Los meses pasaron rápidamente. No quería decirle a nadie la condición de mi hija, después de todo no tenia a mucha gente que le importarse ya que su padre  me había dejado por una chica mas fácil...Una camarera de un bar donde el frecuentaba. ahí estaba yo, una madre soltera a punto de dar luz a mi hermosa niña sujeta de la mano de un extraño que me daba fuerzas. Desearía tener a un hombre que compartiera mi amor por esa pequeña niña y me diera ánimos a mí en ese momento y a ella en un futuro muy próximo. Le rogaba al tiempo que me diera los minutos necesarios para aprender como afrontar la situación. Mi mente me encerraba en malos pensamientos, haciéndome creer que talvez todo estaba perdido. La idea del aborto nuevamente parecía ser una opción viable. Talvez podría detener ese dolor que veía llegar de la mano de una impensable aflicción. Y me preguntaba, si ella podría enfrentarlo también.  Los minutos del reloj parecían agotarse con cada pensamiento. Tiempo que necesitaba para saber si debía traerla a este mundo superficial y vil, lleno de clemencia. . Donde pedir perdón es más que un requisito para tener una conciencia limpia y sana. Donde la gente te lastima más veces que el mismo granizo en una tormenta de nieve. Y donde la felicidad esta subestimada. En este mundo donde la maldad de cada persona se muestra las 24hrs del día con el fin de hacer sentir mal a los demás y fortalecer su propia autoestima hiriendo sin piedad. En un mundo donde no existe un nosotros. Donde lo principal y lo más importante es uno mismo y nada más. Ya era hora… mi hermosa Becky comenzaba a anunciar su llegada, por suerte estaba en la casa de mi hermana y ella me llevo al hospital inmediatamente.
(Pensamiento: Lo siento pequeña Becky pero vendrás a este mundo donde la gente es vil y cruel pero se que tu serás distinta y se que, a pesar de todo traerás luz a mi mundo). Finalmente, los pensamientos que aturdían mi cabeza, los pensamientos oscuros habían desaparecido. Cuando vi a mi hermosa hija tan solo llore y acerque mi boca a su pequeño oído para decirle: Discúlpame. Mis ojos estallaron en llanto cuando la enfermera me la entrego en brazos y me sentí la escoria mas grande del mundo por haber pensado siquiera en matarla. Un hijo es la bendición mas grande que un ser humano puede tener, no hay lugar para el rencor ni el odio cuando un niño esta entre tus brazos. Esa noche su rostro ilumino la escasa claridad de la habitación donde descansaba. Su piel era tan frágil que temía que se quebrara si la tocaba demasiado. Y su pequeño cuerpito delataba lo hermoso que la vida puede ser cuando menos te lo esperas.  Miraba hacia el exterior de la ventana como la lluvia caía y golpeaba los cristales. La abrase contra mi pecho y lentamente deje que se durmiera. Yo por otro lado no podía pegar un ojo, tenia la loca idea de que me quitarían a mi bebe si me dormía. Por lo que me quede en guardia mirando toda la noche la puerta. Pero a la vez me sentía segura junto a ella. Una sensación que solo una madre puede sentir con sus hijos.  Mi hermosa Becky despedía amor por sus bellos hoyuelos y sus dorados rizos y yo lo recibía con una sonrisa despampanante esa medianoche en el hospital.  Ese imborrable momento fue precioso. Era Incambiable, irreemplazable, único.  Antes de que marcaran las 1 de la madrugada y tratara de dormir algo, tome a mí bebe, la deje en su cuna que permanecía a mí lado y la contemple en todo su esplendor una última vez.
(Pensamiento: Te amo mi pequeña muñequita de oro, ahora duerme).

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