Querido receptor de esta carta:
Perdóname por no recordar tu nombre. Este se me borro de la mano con el
agua y solo quedo tu dirección postal escasamente visible. Atravesando las líneas de mi palma culturalmente legales de
adivinos para hablar del futuro. Pero no me he olvidado de ti, si recuerdo tus
ojos cafés y tus suaves manos untadas en crema manteniéndolas en perfección. También recuerdo la banca
áspera como la dura corteza de un roble añorado, donde me acerque a ti buscando
establecer una conversación, esperando que el tiempo nos convirtiera en amigos
y luego, en algo mas.
Perdóname por enviarte esta atrevida carta luego de tantos meses sin
dirigirnos la palabra. Pero me parecía mucho más inapropiado aparecerme en la
puerta de tu casa sin previo aviso, así que descarte esa opción. Planeaba llevar un ramo de flores para así
bajar un poco la tensión de la sorpresa. Y unos chocolates para disfrutarlos
juntos tomando uno de tus deliciosos tes que tanto me has comentado en el
parque. Y luego de platicar ibas a
enseñarme tus bellas pinturas y tus
premios de eventos artísticos que me prometiste ese día. Se que tendrás muchos. Tal vez tienes una
habitación repleta de ellos, y no me sorprendería. Pude ver lo talentoso que
eras cada vez que mencionabas tus obras frente al lago esa tarde y como me
incitabas a descubrir lo que hacías cuando pronunciabas “arte” con tu sensual
acento británico.
Y Como olvidar tus rizos siendo
esclavizados por el viento, mientras que intentabas devolverlos a donde
pertenecían, a su posición original. Recuerdo que me parecía muy gracioso ver
como te frustrabas por eso y luego reías conmigo y nos burlábamos del clima.
Que bonito volver a pensar en tu sonrisa y en
tus blancos y brillantes dientes. Aun no se si llevaba mis gafas de sol por ti
y tu resplandor o por el cegante planeta caliente. Que le agradezco todo el calor que te hizo sentir provocándote
quitar tu saco y dejar desnudos tus fuertes y esculpidos brazos para mi. Tu
remera se volvía transparente y podía ver con mis ojos tu pecho tallado a mano
y esa enorme y demándate espalda. Dignos de un hombre como tu. Pero a la vez,
me gustaba que mantuvieras ese balance tan meticuloso. Combinabas siempre algo
de ambos mundos y aun así eras perfecto.
Me
hubiera encantando arrancarte tu remera color rosa de corazón y quedármela.
Pero temía que el parque se quedara sin tu hermoso aroma. Sintiéndome mal a la
vez por las pequeñas flores que daban lo mejor de si para deleitar a mi nariz. Pobrecitas
ellas. No podían ganarte.
Necesito verte otra vez, necesito que nuestras manos se reencuentren…se
cosan entre si como un tejido trabajo de costureras y pasatiempo de ancianas.
Necesito volver a sentir esa picazón y esas cosquillas que recorrían mi sistema nervioso cuando los bellos de tu pierna rozaban con los míos.
Respóndeme señor receptor de esta carta, estaré esperando tu respuesta
para poder recordar tu nombre.
-Con mucho amor, Juan.
Querido Juan, acosador por carta:
No te pediré perdón ni
te perdonare por la carta. No se quien eres, y no quiero saberlo. No te conozco
y no quiero hacerlo. ¿Acaso me estuviste siguiendo por los parques que
frecuento? ¿Espiándome como si tuviera algo que esconder? No me caes bien, y no
me agrada tratar con acosadores.
No me vuelvas a escribir, olvídate de mí, pretende que no existo y
deja tanta cursilería.
-David, el querido receptor de una carta con un emisor desconocido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario