martes, 19 de junio de 2012

Carta a un Desconocido.


Querido receptor de esta carta:

                                                            Perdóname por no recordar tu nombre. Este se me borro de la mano con el agua y solo quedo tu dirección postal escasamente visible. Atravesando  las líneas de mi palma culturalmente legales de adivinos para hablar del futuro. Pero no me he olvidado de ti, si recuerdo tus ojos cafés y tus suaves manos untadas en crema manteniéndolas  en perfección. También recuerdo la banca áspera como la dura corteza de un roble añorado, donde me acerque a ti buscando establecer una conversación, esperando que el tiempo nos convirtiera en amigos y luego, en algo mas.
                                                           Perdóname por enviarte esta atrevida carta luego de tantos meses sin dirigirnos la palabra. Pero me parecía mucho más inapropiado aparecerme en la puerta de tu casa sin previo aviso, así que descarte esa opción.  Planeaba llevar un ramo de flores para así bajar un poco la tensión de la sorpresa. Y unos chocolates para disfrutarlos juntos tomando uno de tus deliciosos tes que tanto me has comentado en el parque.  Y luego de platicar ibas a enseñarme tus bellas pinturas  y tus premios de eventos artísticos que me prometiste ese día.  Se que tendrás muchos. Tal vez tienes una habitación repleta de ellos, y no me sorprendería. Pude ver lo talentoso que eras cada vez que mencionabas tus obras frente al lago esa tarde y como me incitabas a descubrir lo que hacías cuando pronunciabas “arte” con tu sensual acento británico.     
                                                       Y   Como olvidar tus rizos siendo esclavizados por el viento, mientras que intentabas devolverlos a donde pertenecían, a su posición original. Recuerdo que me parecía muy gracioso ver como te frustrabas por eso y luego reías conmigo y nos burlábamos del clima.
                                                        Que bonito volver a pensar en tu sonrisa y en tus blancos y brillantes dientes. Aun no se si llevaba mis gafas de sol por ti y tu resplandor o por el cegante planeta caliente. Que le agradezco  todo el calor que te hizo sentir provocándote quitar tu saco y dejar desnudos tus fuertes y esculpidos brazos para mi. Tu remera se volvía transparente y podía ver con mis ojos tu pecho tallado a mano y esa enorme y demándate espalda. Dignos de un hombre como tu. Pero a la vez, me gustaba que mantuvieras ese balance tan meticuloso. Combinabas siempre algo de ambos mundos y aun así eras perfecto.
                                                     Me hubiera encantando arrancarte tu remera color rosa de corazón y quedármela. Pero temía que el parque se quedara sin tu hermoso aroma. Sintiéndome mal a la vez por las pequeñas flores que daban lo mejor de si para deleitar a mi nariz. Pobrecitas ellas. No podían ganarte.
                                                    Necesito verte otra vez, necesito que nuestras manos se reencuentren…se cosan entre si como un tejido trabajo de costureras y pasatiempo de ancianas. Necesito volver a sentir esa picazón y esas cosquillas que  recorrían mi sistema nervioso cuando los  bellos de tu pierna rozaban con los míos.
                                                   Respóndeme señor receptor de esta carta, estaré esperando tu respuesta para poder recordar tu nombre.
             
                                                 -Con mucho amor, Juan.





Querido Juan, acosador por carta:
                                                  

                                                               No te pediré perdón ni te perdonare por la carta. No se quien eres, y no quiero saberlo. No te conozco y no quiero hacerlo. ¿Acaso me estuviste siguiendo por los parques que frecuento? ¿Espiándome como si tuviera algo que esconder? No me caes bien, y no me agrada tratar con acosadores.
                                                             No me vuelvas a escribir, olvídate de mí, pretende que no existo y deja tanta cursilería.

                                                -David, el querido receptor de una carta con un emisor desconocido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario