...Cojeando y casi sin poder pararme, toque la puerta principal de tu casa. Varias veces, como era de esperarse a las cuatro de la madrugada. Y reprochando al aire como si regañaras a nuestro futuro hijo, tú apareciste de entre la oscuridad de tu porche.
Las luces se encendieron al instante dejándome ciego y provocando que me tropezara con el borde de la escalerilla. Tu padre furioso salió de la puerta gritando simultáneamente que hizo que los demás vecinos salieran a ver qué ocurría afuera y sin siquiera lograr pararme ya me veía rodeado de gente molesta.
Balbuceando trate de pedir disculpas pero los incesables gritos que habían perturbado la tranquilidad de la cautivante noche, me opacaban. Cuando con tanto esfuerzo luego de que la gravedad me atara al asfalto me puse de pie, tú me empujaste hacia un extremo del círculo enfurecido. Como repuesta a tu acto jale tu cabello, arrancando una tira de él. Tú soltaste un grito de dolor sosteniéndote la cabeza donde había desaparecido un trozo de tu hermoso cabello castaño. Yo con todas mis energías atravesé a la turba molesta y corrí lo más rápido que pude, cuando ya no lograba divisar a nadie en la distancia, me detuve. Mire a mí alrededor y luego de vomitar varias veces sobre mis zapatos y mi camisa gracias a esas copas de mas, caí al suelo.
Miraba nuestras fotografías recordando cada momento que vivimos y miraba mi taza de café casi vacía. Había usado lo poco que quedaba en la alacena y aun me esperaba una larga noche. El baile erótico de las cortinas había terminado y la puerta que rechinaba permanecía cerrada gracias a la mesita del teléfono que había movido de la esquina de la habitación anteriormente. Luego de acomodarme nuevamente en el escritorio me dedique a pensar, durante varios minutos donde podría conseguir más café y talvez algún que otro bocadillo, para continuar escribiendo.
Me gustaba pensar que tú pasabas las noches, tratando de dar alguna explicación coherente a mis actos. Buscando poder avanzar y dejar atrás todas mis imperfecciones.
Recuerdo cuando nos reuníamos en la parte trasera del parque, a escondidas porque nadie veía lo bueno de lo nuestro, estaban cegados por la búsqueda de lo correcto y poner primero “el que dirán”, antes que el amor. Y además tampoco querían entenderlo. Recuerdo cuando me mirabas a los ojos y me hablabas, no podía resistirme a sentir lo que sentía, no podía evitar caer enamorado de ti con cada palabra que me decías, una y otra vez.
Me desperté en una camilla de hospital con mi visión un poco borrosa y con algunas imágenes de la innombrable noche, aun estaba mareado por el turbulento viaje que había realizado pero intentaba recordar, lo que había ocurrido. Cuando voltee mi cabeza hacia mi derecha te vi a mi lado durmiendo en una silla con tu cabeza en mis hombros. No entendía por que estabas allí luego de lo ocurrido pero no me importaba, solo quería tomar tu mano y descansar junto a ti. Como en nuestro primer verano juntos, donde nos recostamos bajo el manzanero del parque y miramos el cielo tratando de ver alguna estrella a plena luz del día. Era algo imposible lo sé, pero romántico a la vez. No quería que te despertaras y que desapareciera ese hermoso momento que me traía tantos recuerdos. Pero para mi desgracia, tu padre aun no estaba de acuerdo con nosotros.
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